Cuando los hijos se van de fiesta

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Cuando los hijos se van de fiesta


Ya me lo decía mi mamá cuando estaba embarazada, “disfruta ahora, porque cuando nazca, nunca volverás a dormir tranquila”.

Por Malusa Gómez (‪#‎mamádeciudadsinmar‬)

 

Es que si no es una cosa, es otra. Primero la lactancia cada tres horas, después la salida de los dientes y algún cólico. Las pesadillas, las mojadas a media noche. La chipilera cuando viene un hermanito (si es que los hay), el pleito con los amigos, las primeras decepciones de amor, la rebeldía de la pre adolescencia y ahora las saliditas de noche –con todo lo que traen en el paquete–, la cosa es que es cuento de nunca acabar.

 

Cuando las salidas empiezan no es tan malo. En las fiestas no suele haber alcohol y la ida y la venida depende al cien de los padres, así que el mango del sartén sigue de nuestro lado. Pero conforme pasa el tiempo, y con él libertad e independencia, la cosa se pone, si no fea, tampoco de un color muy lindo.

 

El asunto es que entre sus desvelos –y el insomnio de algunas madres– vaya combinación. El tema de si deben o no tomar alcohol antes de determinada edad, y la teoría de que es bueno que prueben cuando están con nosotros para que aprendan y esas cosas, no son mi tema. No soy especialista y creo que es asunto de la educación de cada casa, lo que sí es que sea cual sea la postura de cada quien, hay que estar bien pendiente, como se dice por ahí “hay que estar al loro”.

Si bien no es chistoso que beban, les tengo un par de anécdotas, que ya vistas a la distancia y bien libradas, son chistosas.

El hijo de 15 años de una amiga —cosa que es real, y no el típico disimulo para no reconocer que se habla del caso propio— fue a una fiesta y bebió un poco de más, así que la mamá preocupada le dijo: “no está bien que bebas, estás muy chico y tu cerebro aun no se ha terminado de formar, etc. etc.” ¿Qué bebiste? Él respondió que un vodka. La mamá puso —aún más— el grito en el cielo y le explicó que eso tiene mucho alcohol y que había hecho muy mal. El niño reflexionó un poco y le dijo, bueno la verdad es que “combino”. Como esa conversación era hablada y no escrita, ella entendió “con vino” y le dijo: “bueno eso no está tan mal, el vino es una buena bebida”. El niño se le quedó mirando y corrigió, “no, má, combino vodka y ron y tequila y así…”. Ya se podrán imaginar la cara de mi amiga.

 

Otro día, por ahí de las 6 de la tarde de un viernes, la misma mamá habla con su hijo para acordar la hora de ir por él a una comida y lo escucha un poco rarito, antes de colgar en un tono muy cool y coloquial le dice, “mijo, no chupes” y recibe como respuesta un “má, ya chupé”.

 

 

*Malusa Gómez, comunicadora de profesión, afición y devoción. Conductora de radio, bloguera, tuitera, profesora a veces, pero sobre todo parte del reparto de este planeta. No estoy dispuesta a que nadie me cuente la vida, por eso la vivo, la sufro, la disfruto, la equivoco y la comparto. Presumida y orgullosa de ser amiga, cómplice y compañera de carcajadas de Vanessa y ahora —un capítulo que nos faltaba— colaboradora de Ser Mamá en Cancún. Twitter:@marylightg

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